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Comando Conjunto
Monica González (Autor) · Héctor Contreras (Autor) · Catalonia · Tapa Blanda
5 opinionesQuedan 100 unidades
$ 82.998Excelente libro
Buena encuadernación y su temática interesante.
Todo lo que aparece en el libro es correcto. Razón por la que emigré de Chile.
Esperaba mas del libro y la autora repite el relato de siempre. Para los interesados en el tema les puede aportar.
Una reedición necesaria y a tiempo. Si bien Monica Gonzalez es coautora con Héctor Contreras, la voz de la narración es inconfundible: esta escrito por Gonzalez de cabo a rabo. Varias cosas quedan reverberando en la mente: la maldad químicamente pura de varios agentes (Wally, Bunger, Contreras, etc) y el hecho de que varios de ellos fueron condenados varias décadas después de los hechos. Una justicia que llega después de tantos años es justicia? El poder judicial debe varias explicaciones, pero ninguna de ellas será digna de orgullo. Por otro lado, si bien es bien identificable donde están los eternos malditos, hay una zona ploma, extremadamente ploma, que resulta aun más incompresible y perturbadora: los llamados "colaboradores". Personas que militando en el PC pasaron a ser agentes de la DINA y el comando conjunto. Cierto que muchos de ellos fueron sometidos a 300 watts de corriente directa y otras vejaciones aberrantes, pero el caso del "Fanta", Miguel Estay y Carol Flores deja un manto sumamente incomodo y de difícil ponderación. Se trata de casos que se enmarcan en la famosa "banalidad del mal" o más bien se transformaron en creaciones aún más brutales que sus propios captores? Algunos lograron salir vivos de esos centros de tortura, "pero de Remo Cero sus mentes no saldrían jamas". Deja un sabor amargo pensar que Andres Valenzuela, el famoso "Papudo", haya tenido una infancia tranquila cerca de la naturaleza. Como el mismo dice al final, ¿Cómo pude llegar a esto?...Al principio, cuando empieza uno en esto, un llora, escondido, para que nadie se dé cuenta. Después, se siente pena, se hace un nudo en la garganta, pero se aguanta, se soportan las ganas de llorar. Y después, sin querer queriendo uno ya empieza a acostumbrarse y definitivamente ya no siente nada con lo que está haciendo...". A modo de colofón, no hay que olvidar que hay dos mujeres en todo este viaje al infierno que nunca, nunca se quebraron ni delataron a nadie. Curioso que el "sexo debil" no entregue ni abandone a los suyos. Al lado de ellas, el resto apenas queda como sombra y recuerdo.
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