Reseña del libro "Ihan y Alena Felices En La Naturaleza"
Lejos del mundo de los hombres,donde las montañas Zaita rozan el cielo con sus frentes rocosas y los bosques se extienden como infinitas olas verdes,vivía Ihan,un hombre que había elegido el silencio y la paz de la naturaleza en lugar del ruido de la ciudad.Tras años de agitación y decepciones,había encontrado la paz en una cueva escondida,llamada Jeima por los lugareños.No era una simple cueva,sino un verdadero hogar:en su corazón,el fuego ardía suavemente cada noche,y en las paredes danzaban las sombras de los animales que eran sus amigos:un cachorro de pantera negra,un cervatillo y otros animales que tenían su nido justo encima de la entrada.Ihan había aprendido el lenguaje del bosque,el silencioso caminar del viento entre los abetos y el canto de los manantiales.Los días transcurrían apaciblemente,uno tras otro,hasta que una mañana el cielo fue desgarrado por un rugido de hierro.Un pequeño avión,perdido entre nubes y rocas,se estrelló en el bosque.Fuego, humo y luego silencio.Entre los restos quemados,Ihan encontró a una mujer,herida,asustada,pero viva.Allí estaba Alena, una mujer de otro mundo,uno de riqueza y luz artificial.Ihan la llevó en brazos a la cueva de Jeima,la cuidó con hierbas y agua limpia del manantial.Un vínculo silencioso nació entre ellos,y luego el amor,simple,puro,innato.En los años siguientes,dos hijos nacieron de su amor:Araian,el niño de ojos ardientes,y Lei,la niña de cabello como el oro de la mañana.La familia vivía unida,libre y feliz,alimentándose de fruta,miel e historias contadas bajo la luz de las estrellas.Pero el mundo exterior no había olvidado a Alena.Un día,cuando su pequeña creció lo suficiente como para comprender que más allá de las montañas había ciudades y caminos, sintió la llamada de lo desconocido.Lei quería conocer a sus abuelos y el mundo de su madre. Alena,con el corazón dividido entre el amor por Ihan y la añoranza del pasado,decidió acompañarla.Así,en una mañana de otoño,las dos siluetas se perdieron entre los abetos, dejando atrás el suave humo del fuego en la cueva de Jeima y la mirada silenciosa de Ihan y su hijo Araian.Las montañas guardaron su secreto,y el eco del amor entre las personas y la naturaleza permaneció vivo,como una canción que nunca muere.